jueves, 21 de abril de 2011

Lugares: Isla de Zanzíbar






Para completar un viaje que realicé en 2007 por África Oriental volé desde Kilimanjaro hasta la isla de Zanzíbar


atraído por la rica historia que moldeó su particular composición étnica y consecuentemente su cultura. De paso no vino mal desempolvarme después de semanas de trajinar sabanas y selvas.
Con sólo escuchar su nombre, sonido mágico para todo viajero, vienen a la imaginación imágenes de playas paradisíacas y palacios fastuosos. Y es lo que se encuentra al recalar en la isla. A medida que uno se adentra en su pasado toma conciencia de que esa riqueza se basó en el comercio de esclavos que en oleadas partió de esas playas.
Intentaré reseñar ese pasado.
Durante 2000 años fondearon en sus costas naves de Persia, Arabia e India. Alrededor del año 1000 d. C. grupos de inmigrantes provenientes de Shiraz (actual Irán) se establecieron en Zanzíbar y relacionaron con los swahili, pobladores locales. Se supone que el nombre de Zanzíbar proviene del término persa zangi-bar, “costa de los negros”.
Durante dos siglos (1498-1698) los portugueses dominaron la isla y a comienzos del siglo XVI fundaron un centro de comercio en el lugar que hoy ocupa la ciudad de Zanzíbar. A fines del siglo XVII fueron expulsados por la armada del Sultán de Omán. En 1840 el entonces sultán, Said, traslada la capital de Omán, Muscat, a Zanzíbar, cuya ubicación ofrecía buen reparo de los monzones y un estratégico lugar para controlar el canal entre el continente y las islas.
Gran cantidad de omaníes se establecieron en Zanzíbar como autoridades y terratenientes constituyendo la élite, mientras que los inmigrantes indios conformaron el estrato social de los comerciantes. La isla pasó a ser un estado árabe, importante centro de política regional y foco de un próspero tráfico de esclavos.
En el siglo XIX Gran Bretaña comenzó a interesarse en África Oriental y a enviar exploradores de la talla de Livingston. A fines de ese siglo tras la guerra más corta de la historia, 45 minutos de bombardeo, Zanzíbar pasó a ser Protectorado Británico, situación que se prolongó hasta que en 1963 logra la independencia. Su existencia como país fue efímera. En 1964 una revolución destrona al sultán y se produce la expulsión de todos los árabes e indios. En el mismo año Zanzíbar y Tanganyika se fusionan y nace Tanzania.
Casi todos los expulsados retornaron y se sumaron a la inmigración proveniente de la cercana costa continental y a la descendencia de los esclavos liberados. Hoy en día las diferencias entre los shirazi y los swahili se difumaron.
Agricultura y pesca son sus principales actividades. Las plantaciones de clavo de olor y cocoteros se esparcen por toda la isla. El territorio es llano, con lagunas y pantanos con manglares, costas de arenas blancas y arrecifes coralinos.
La población vive en pequeñas aldeas y Zanzíbar es, sin duda, la mayor concentración humana.

Mi estadía transcurrió en la aldea de Paje, en la idílica costa oriental,




y en Stone Town, el casco antiguo de Zanzíbar, en la occidental, lugares desde los que recorrí la isla, de dimensiones manejables (85 por 30 kilómetros).
Paje es un buen ejemplo de lo que es el diseño urbano y la forma de vida aldeanos. Está emplazada en el encuentro de la ruta que recorre el litoral oriental y la que atraviesa la isla. Me hospedé en una precaria cabaña frente al mar. Su propietario me invitó a tomar leche de coco.










Coco en mano me encaminé a la costa a disfrutar del sol que caía a mis espaldas entre las palmeras.





Un colorido espectáculo que compitió



a la mañana siguiente con el del amanecer sobre el Índico.
Las construcciones son de trozos de coral, techadas con esteras de palma y enmarcan laberínticas callejuelas










que se abren a espacios abiertos donde se encuentra




la mezquita y el mercado.













Salvo algún hombre trepado a una palmera procurando cocos




o algún otro alistando redes de pesca







parece estar la mayoría de ellos disfrutando de un inmerecido descanso.





A las mujeres se la ve más activas,







desplazándose casi siempre cargadas con rumbo incierto y luciendo vestimentas multicolores.
Algunas atienden pequeñas y mal surtidas despensas





al tiempo que se hacen cargo de sus hijos.



























 Los niños se divierten con juegos sencillos que interrumpen para mirar con ojos curiosos al extraño.





































Al atardecer pequeños grupos de jóvenes mujeres recorren



de forma llamativa la playa en un disimulado juego de seducción.

En las afueras de Paje hacia el norte hay algunos hoteles de cierta categoría con pálidos turistas asoleándose y soportando a masais




que abandonan temporalmente sus poblados en el continente para vender artesanías y baratijas. Ver a estos guerreros en un escenario tan lejano como extraño después de haber estado compartiendo ceremonias y costumbres en su tierra ancestral en Kenia entristece, aunque aseguran que sólo es para mejorar la economía de sus familias y que siempre a ellas retornan.


Relacionarse con la gente no es fácil. Sin llegar a mostrarse hostiles tampoco lucen acogedores.
Sí pasé un agradable momento con una madre y su bebé



































con el rostro adornado con trazos negros, sobre cuyo sentido intentó explicarme sin éxito en swahili.




El mar de un color azul y una transparencia indescriptibles




era demasiado como para no aceptar la invitación de Franco, un joven italiano radicado en Paje a hacer una salida de buceo a los arrecifes coralinos cercanos.



En una embarcación de madera rústica y pesada timoneada por un robusto poblador local extrañamente trabajador llegamos a un lugar de aguas poco profundas que dejaban entrever las maravillas que encontraríamos a un par de metros de la superficie.
Peces multicolores, estrellas de mar e infinidad de corales







fueron excesivo premio al escaso esfuerzo en apnea que requirió admirarlos.









En uno de los recorridos por la isla visité la Reserva de Jozani,



una mancha de selva poco vulnerada en medio de las plantaciones. Estrechas sendas serpentean entre mangles permitiendo ver desde aves singulares


hasta ciempiés enormes y










cangrejos de los manglares que se dejan alimentar.




















Pero la estrella de la reserva es el colobo rojo de Kirk, una especie endémica satisfactoriamente confianzuda como para apreciarla desde corta distancia.






Su imagen es usada como emblema por los movimientos ecologistas de Zanzíbar que luchan, entre otras iniciativas, por aumentar el número de estos colobos, el que actualmente no garantiza la supervivencia, y por preservar su hábitat.
El colobo de Kirk tiene un pelaje que varía entre el rojo oscuro y el negro, acentuado por las franjas blancas de sus hombros y brazos y un vientre pálido. Su rostro negro está coronado por pelaje blanco con una distintiva mancha rosada en sus labios y nariz. Además, dispone de una larga cola que utiliza para equilibrarse. Existe un escaso dimorfismo sexual entre machos y hembras, las que suelen ser más numerosas.
Los grupos están formados por hasta cuatro machos adultos y muchas hembras adultas.




Jóvenes de diversas edades también viven en estos grupos. El número de colobos de un grupo varía entre 30 y 50 individuos. Son animales muy sociales y a menudo se dedican a jugar y acicalarse cuando no comen.
La alimentación también es una actividad de grupo. Comienzan a hacerlo por la mañana, y se muestran más activos durante las horas más frescas del día. Las llamadas de los machos ponen al grupo en movimiento en busca de otro lugar donde procurar comida. Normalmente estos colobos se alimentan de hojas, brotes, semillas, flores y fruta verde. Es una de las pocas especies que no come fruta madura; dispone de un estómago de cuatro cámaras, que no puede digerir los azúcares contenidos en ella. También consumen carbón vegetal, que se cree les ayuda a digerir las toxinas de algunas hojas.








Una mañana abandoné Paje para afincarme en Stone Town, núcleo y casco histórico de la ciudad de Zanzíbar, declarado en 2000 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su nombre, Ciudad de Piedra, lo distinguía de los barrios pobres cuyas casas eran de barro y hojas de palmera.
Me hospedé en el International Hotel, de arquitectura colonial, cuartos enormes y antiquísimo mobiliario.







La puerta de acceso de estilo indio presenta grandes y lustrosas tachas ornamentales (que vi en otras latitudes pero donde sí cumplían funciones defensivas disuadiendo a los guerreros que montaban elefantes de intentar un embate).
La mejor manera de conocer Stone Town es gastando suelas por sus intrincadas y estrechas calles y respirando su atmósfera impregnada de olor a especias.
Se debe andar lentamente para poder apreciar los detalles que ofrecen viejas casas,







ornamentados palacios, mezquitas, bazares y mercados.
Muchas construcciones son del siglo XIX, apogeo del comercio de esclavos














y reflejan la riqueza de sus dueños originales, como así también su procedencia. Los árabes erigían paredes exteriores simples con grandes puertas frontales que conducen a patios interiores y los indios con fachadas más abiertas y grandes balcones decorados con verjas y balaustradas. Casi todas están habitadas.
Las puertas de teca, asiática o africana, tienen características notorias y distintivas.

Las árabes presentan marcos ricamente tallados e inscripciones del Corán en su friso superior. Las más antiguas son cuadradas,








y las más recientes rematan con un semicírculo. La puerta de la foto es la más antigua de Stone Town.

















Las indias lucen las tachas de bronce y delicados herrajes.




























Aún hoy los habitantes de Zanzíbar siguen dándole importancia a las puertas. Es lo primero que emplazan al construir sus casas, algunas muy precarias con puertas desmedidamente bellas y costosas.






El punto de partida ineludible para recorrer Stone Town son los Jardines Forodhani,



















un parche verde en la planta urbana poco cuidado y muy maltratado. Lugar de reunión, de descanso entre la transitada calle Mizingani y la costa.






Desde estos jardines y dándole la espalda al mar se aprecia de izquierda a derecha (norte a sur) tres de los edificios emblemáticos, el Museo del Palacio, la Casa de la Maravillas y el Fuerte Árabe.


El Palacio es una construcción blanca con aire de fortaleza dado por los parapetos defensivos que culminan la estructura.





Fue residencia de los sultanes hasta la revolución de 1964. Desde entonces se lo conoce como Palacio del Pueblo. Alberga un excelente museo en sus salas y varias tumbas de los primeros sultanes de Zanzíbar.
La Casa de las Maravillas, Beit el-Ajaib para los locales, es un llamativo edificio de planta cuadrada y varios pisos con impresionantes balcones que remata con una torre con relojes.





Fue el primero en contar con iluminación eléctrica (de esta particularidad nace el nombre). También aquí hay un interesante Museo de Historia y Cultura dedicado a la Costa Swahili y Zanzíbar.
Por último el Fuerte Árabe, probablemente la construcción en pie más antigua de Stone Town erigida por los omaníes alrededor de 1700.






De color marrón y aspecto masivo se distingue entre los demás edificios. En el siglo XIX dejó de tener función militar y desde entonces sirvió como prisión, depósito del ferrocarril y hasta de club de tenis femenino.

Volviendo la vista hacia el mar se contempla el antiguo puerto,









hoy destinado a las pequeñas embarcaciones que van a las islas cercanas,













y costeando hacia el sur se llega a la bella Bahía de los Dhows.









Los dhows son pequeñas embarcaciones de madera












de escaso calado con un velamen triangular característico y un solo mástil. Se cree que aparecieron con el islam y fueron unas de las herramientas para propagar esa fe a través del Océano Índico.





De ahí en más me interné en la intrincada maraña de calles angostas,





deslumbrado durante horas por la arquitectura, desmerecida por el abandono y el deterioro,









y por los habitantes, impactantes por su vivacidad, colorido



































y heterogeneidad.







































Entre las construcciones encontré la casa natal de Farroukh Bulsara,




más conocido como Freddy Mercury. Entre sus compatriotas no muy admirado por su música tan lejana a la de sus raíces y por su homosexualidad. El lesbianismo está penado en Zanzíbar con hasta 6 años de prisión y las relaciones entre hombres con hasta 25.












Remontando hacia el norte la calle Creek que separa a Stone Town de Ng´ambo (El otro Lado), la ciudad nueva, llegué a la estación de buses y dala-dalas,






pequeños vehículos abiertos que son el medio más popular de transporte de personas (y sus bultos).



Se encuentra enfrente el mercado Darajani





con infinidad de puestos donde se puede adquirir desde frutas, pescados








y carnes,















si uno consigue desestimar la falta absoluta de higiene, hasta repuestos usados de automotores.
El griterío de los vendedores aturde






y las miradas poco amigables inquietan pero la experiencia





es alucinante…como todo lo vivido en esta isla que el devenir político hizo pertenecer a Tanzania pero que por propias características y por determinación de su gente se diferencia sustancialmente de ésta y logra constituirse en un rincón único en el mundo.

viernes, 28 de enero de 2011

Historia: Nemrud Dagi





Hace casi una década dentro de un extenso recorrido por Anatolia (Turquía) tuve la excepcional oportunidad de conocer Nemrud Dagi, un monte de 2.150 metros de altura en cuya cima se alza un subyugante complejo arqueológico.






De su existencia reconozco no haber sabido algo hasta que comencé a planificar este viaje. Sí me resultaba difusamente familiar el nombre del pequeño y olvidado reino de Comagene ubicado en el curso superior del río Éufrates en una zona de encuentro de las civilizaciones de Oriente y Occidente.
Comagene en griego significa ”encuentro de genes”, nombre más que apropiado para un reino, en términos históricos fugazmente poderoso, en el que se unieron simbióticamente cultura, creencias y tradiciones greco-persas.
Desde 2000 años a.C. hititas, asirios, persas, macedonios, griegos, armenios y romanos marcaron su historia. Políticas prudentes e interesados parentescos consiguieron relacionarlo armoniosamente con todos ellos como estado satélite hasta que llega el período que ambienta estas notas de viaje.
En 109 a.C. Mitrídates logra la independencia de Comagene, y el 14 de julio se corona rey e inaugura una dinastía.
Con un pueblo multirracial y rodeado de vecinos poderosos decide hacer un pacto con los dioses. Los términos no se conocen pero mantuvo al reino protegido y soberano. Creó en las masas una conciencia de pueblo elegido.
Instituyó lugares sagrados (temenos) erigidos en lugares distantes y notorios dentro del paisaje. Sin duda Nemrud sería el temenos más impresionante. En cada lugar sagrado había placas de piedra con cinco dioses dándole la mano (cerrando un acuerdo) a Mitrídates. Éste, en su afán conciliador, le dio a cada dios un nombre griego y uno persa: Apolo/ Mitra, Zeus/Ahura Mazda…
Se casó con una princesa selyúcida (seguramente por conveniencia estratégica) y de esa unión nacieron cuatro hijas lo que complicaba la sucesión. Cuando ya estaba por disolverse el matrimonio nació un varón al que llamaron Antíoco.
Antíoco era entonces descendiente por línea paterna del emperador persa Darío y por línea materna de Alejandro Magno. Crece en muy estrecho contacto con su padre al que respetó mucho y del que aprendió las bases de esa creencia sincrética, algo así como un zoroastrismo helenizado, y del que copió su egolatría.
Al abdicar Mitrídates su hijo es coronado rey como Antíoco I. Comienzan ambos a planear la erección de un sepulcro sagrado en la cima del monte Nemrud cerca de los dioses que dominara desde la altura el reino y a sus súbditos, detalles que denotan las permanentes metas prácticas de Mitrídates. Antíoco tenía metas algo más idealistas. El culto que rodeaba al acuerdo con los dioses debía transformarse, según él, en una nueva religión y la cima del Nemrud el centro desde el cual debía irradiarse al mundo civilizado. Como fundador se agregó poco después de su coronación el nombre Theos (Dios) y da origen a su propia leyenda.
Su reinado coincidió con el período más próspero de Comagene generado por el cruce de rutas comerciales y la explotación minera de hierro.
Reino y dinastía se desvanecieron tras dos siglos, en 72 d.C., con la anexión de Comagene a la provincia romana de Siria.

Por casi dos milenios sólo el viento perturbó el silencio de los reyes aquí sepultados. Las poblaciones cristianas que habitaron en ese lapso la zona desconocían el verdadero origen y la función del complejo y lo atribuyeron a Nimrod, el impío tirano mencionado en el Antiguo Testamento y constructor de la Torre de Babel. De este error nace el nombre de Nemrud.
En el siglo XIX fue redescubierto por arqueólogos alemanes y desde entonces no ha dejado de ser estudiado buscando desentrañar su misterio. En 1987 la UNESCO lo sumó como Patrimonio de la Humanidad.






El complejo funerario consta básicamente de un túmulo compuesto por 30.000 metros cúbicos de piedras partidas del tamaño de un puño que alcanza los 50 metros de altura (originalmente tenía 60 pero terremotos, inclemencias y varios intentos de vulnerarlo lo modificaron) con una base de 150 metros de diámetro circundada por una vía procesional.

Sobre la base de la interpretación de inscripciones y otras investigaciones se sabe que la tumba real está bajo el túmulo y que en ella hay al menos tres cuerpos. Dos de ellos son sin duda los de Mitrídates y Antíoco Theos. El acceso a la cámara sería un túnel que nacería bajo los fundamentos de alguna de las colosales estatuas de las terrazas y que habría sido sellado ante la amenaza romana. Ni el túnel ni la cámara han sido encontrados a pesar de que se ha utilizado las técnicas de exploración más modernas como las geofísicas y sismográficas. Las excavaciones son prácticamente imposibles por la inestabilidad que da la piedra suelta y es fácil deducir que fue un recurso de inviolabilidad premeditado.
Flanquean al túmulo tres terrazas, al norte, este y oeste, que demandaron un gran trabajo de nivelación. La pared rocosa de 10 metros de altura de la terraza occidental da una idea del colosal esfuerzo. Se calcula que la terraza oriental debieron removerse 1.500 metros cúbicos de roca viva.


La terraza norte es la peor conservada y no tiene estatuas. Era el lugar de reunión de los peregrinos en oportunidad de las festividades


La terraza oriental es, para mí, la más impresionante.








La visión de las cinco colosales estatuas me agobió. Cuatro de las cabezas yacen en el suelo e inquietan con su mirada de ojos vacíos.



De izquierda a derecha se suceden los cuerpos sentados de Apolo/Mitra, Tike/Diosa Comagene (única con cabeza), Zeus/Ahura Mazda, Antíoco I Theos y Heracles/Artagnes.

















 A ambos lados de esta fila hay dos cabezas de águila que simbolizan el poder celestial y dos de león, el poder terrenal.






El detalle de la posición sedente y elevada de las figuras tiene la intención de remarcar que este era el hogar de los dioses con sus tronos celestiales.
Esculpidas en piedra calcárea originalmente las estatuas tenían una altura de 8 a 10 metros. Dándoles la espalda se ve, al centro, una gran plataforma respetuosamente restaurada que fuera el Altar del Fuego y donde se incineraban los sacrificios, y a izquierda y derecha, unos zócalos de piedra con relieves representando a los antepasados persas y griegos de Antíoco.






Puede apreciarse en el dorso de las estatuas (también en las de la terraza occidental) inscripciones en griego que relatan el Nomos, la ley sagrada de Antíoco. Es un testamento y una descripción minuciosa de las ceremonias con las que se debía honrar a los dioses y a él.

Recorriendo la vía procesional que rodea la base del túmulo se arriba a la terraza occidental, el sector más sagrado del complejo y al que el pueblo no tenía acceso. Encontramos aquí también la fila de estatuas de los mismos dioses y en el mismo orden pero menos elevada lo que sumado al mayor deterioro le resta algo de majestuosidad.




Todas las cabezas están en el suelo y frente a sus respectivos cuerpos.






El parecido de la cabeza de Antíoco con la de Apolo/Mitra es notorio (lo que confundió inicialmente a los arqueólogos)




y refleja la especial adoración por Mitra. Este dios nombrado en los libros vedas y venerado por los hititas llegó a impresionar a las legiones romanas y a ser muy importante para ellas. Su figura y dones fueron divulgados por todo el mundo antiguo. En Roma tuvo su templo en el Monte Capitolino y su culto se desarrolló como una religión mistérica, Misterios de Mitra, reservada a los hombres, organizada como sociedad secreta de carácter esotérico e iniciático.
De no haber surgido el cristianismo seguramente hoy gran parte de la humanidad aún lo honraría.
Aquí también están presentes los zócalos con los antepasados



y resaltan los relieves de Darío y Xerxes muy bien conservados.







Junto a las estatuas se yerguen cinco estelas que creo son las que hacen rica a esta terraza. En las primeras cuatro se lo ve a Mitrídates





saludando a la diosa Comagene, Apolo, Zeus y Heracles. La quinta es la llamada Horóscopo del León.



Este horóscopo, el más antiguo conocido, representa una situación astral y planetaria que no se repetirá hasta dentro de 25.000 años.





Es la que se observaba desde la terraza occidental en el atardecer del día de la coronación de Mitrídates.
Esculpido en una placa pétrea de 1.75 x 2.40 metros y casi 0.50 de espesor nos muestra un león caminando hacia la derecha. Sobre su cuerpo se identifica las 19 estrellas que conforman la constelación de Leo, bajo el cuello una media luna en luna nueva, y sobre ella la estrella Regulus asociada desde los albores de la historia a los reyes. Sobre el dorso del león se ve a Marte, Mercurio y Júpiter (con sus nombres en griego).
La investigación astronómica que consideró las eclípticas de los planetas referidos (con Mercurio visible a ojo desnudo) y de la Luna, las posiciones en la que está representada la constelación de Leo y la relativa de Luna, Regulus





y las cumbres en el horizonte determinó con asombrosa precisión día y hora del momento: 14 de julio de 109 a.C. a las 19.35, el de la coronación de Mitrídates.











Estábamos con Martín, mi compañero de viaje, sentados en la terraza occidental esperando la caída del sol con la mirada perdiéndose en un paisaje yermo y de un silencio indescriptible que enmarcaba el vuelo helicoidal de varias águilas que nos sumergió en un estado de latencia.
Un lejano tronar comenzó a hacerse más audible y potente hasta ensordecernos. Un par de aviones de la Fuerza Aérea Turca pasaron muy cerca y a nuestra altura rumbo a la frontera iraquí. Hacía poco más de una semana habían caído las Torres Gemelas del World Trade Center.
Fue una fugaz toma de conciencia de lo que estaba viviendo el mundo que no demoramos en abandonar para volver a compartir el silencio y la soledad con los colosales custodios del misterio del sepulcro.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Etnias y Creencias: Los Sikhs y el Sikhismo



En agosto de 2010 recorriendo Punjab, en el noroccidente de India



tomé contacto estrecho con la comunidad sikh. Fue una experiencia tan impactante como satisfactoria.
Sikh es la forma punjabi de la palabra sánscrita sisya, que significa discípulo. Se llama sikhismo a la fe que profesan.
El Punjab en el subcontinente indio es la patria tradicional de los sikhs. En 1947 quedó dividido en dos al crearse India y Pakistán. A pesar de que la doctrina sikh es reconciliadora, en el momento de la independencia parecía no haber lugar en el Estado musulmán pakistaní para ellos e impelidos por la persecución y las matanzas los del Punjab occidental emigraron en masa hacia el oriental en India.
Siempre ha sido un pueblo habituado a la idea del traslado. Se han asentado y prosperado en muchos lugares de la India, y en ciudades como Delhi y Kolkata (Calcuta) poseen el monopolio de la profesión de taxista. Como profesionales y trabajadores emigrantes se han establecido en países de Asia y Europa. Dondequiera que habiten sus comunidades los sikhs siguen con sus prácticas religiosas y costumbres sociales. Esto sumado a su elegante, casi altiva, estampa, su expresivo lenguaje corporal y su mirada franca los hace fácilmente distinguibles.
El idioma de los más de 20 millones de sikhs es el gurmukhi, variedad refinada del dialecto punjabi, con muchas semejanzas con el sánscrito.
Desde hace un milenio en esta región se han enfrentado islam e hinduismo generando en ocasiones movimientos religiosos sincréticos como el sufismo, corriente mística mahometana que aceptaba prácticas e ideas hinduistas pero haciendo hincapié en la experiencia interior, rechazando todo formalismo y todo ritualismo.
A fines del siglo XV y dentro de las tentativas de armonización de las diversas ideas religiosas surge el sikhismo fundado por Nanak (1469-1539). Con el tiempo la comunidad sikh fue tomando el carácter de grupo étnico con herencia cultural y sentimiento nacional diferenciados.
Nanak, nacido en el seno de una familia de la alta casta hindú, tuvo a los 27 años una experiencia mística que lo llevó a abandonar todo para partir a difundir sus ideas religiosas que iban más allá de las estrecheces islámica e hindú. Tras tres días de silenciosa comunión sus primeras palabras fueron: “No hay hindúes, no hay musulmanes”.
Su prédica como gurú (maestro) difundida cantando kirtan (sus propios himnos religiosos que aún hoy se cantan) captó una multitud de discípulos que no se sentían identificados con ninguna de las dos ortodoxias, básicamente musulmanes muy pobres e hinduistas de castas bajas que querían liberarse de las desventajas que devenían de sus situaciones.
Fueron 24 años viajando incansablemente por toda India y llegando hasta La Meca y Bagdad.
Una vez de regreso al Punjab comenzó a instituir en Kartapur, pueblo fundado por él, una comunidad libre y abierta a todos los niveles sociales y un nuevo concepto de Dios único, eterno, infinito que no ha sido nunca encarnado y que ninguna imagen puede contenerlo, llamado “simplemente Uno”(Ikk).
Concedió la mayor importancia a la conducta moral. La conducta recta (ortopraxia) es considerada tan importante como el pensamiento recto (ortodoxia). Hizo hincapié en el valor del seva, servicio voluntario, humilde y continuado prestado a los demás con el fin de promover el bienestar de la comunidad. Dio además igual importancia al bienestar material del hombre como a su liberación espiritual, al tiempo que estableció una relación entre ambos. Sentó el criterio para la sucesión en base al mérito.
A Nanak lo suceden nueve gurús y sus enseñanzas están contenidas en el libro sagrado de los sikhs, el Guru Granth Sahib.



Nanak y los 9 Gurús


El sikhismo reconoce pues a diez gurús que fueron uno solo en espíritu, aunque en cuerpos diferentes, que comparten la misma revelación y son de un mismo rango espiritual resultando esto un fenómeno peculiar de la creencia. A esta fe reformista se la conoce como gurmat (doctrina de los gurús) y a sus templos como gurudwaras (puertas al gurú).
Angad (1504-1552), el segundo gurú, prosiguió, en el distrito de Amritsar, las enseñanzas y la actividad social de su antecesor.
El tercero, Amar Das (1479-1574) creó una organización eclesiástica bien estructurada, fijó los días para las reuniones festivas sikhs y estableció ceremonias y ritos sencillos para el nacimiento, el matrimonio y la muerte.
Ram Das (1534-1581), cuarto gurú, estableció un centro que más tarde sería Amritsar, eje actual del mundo sikh.
Su sucesor y quinto gurú, Arjun (1563-1606) construyó, en el centro del lago de Amritsar, un templo, el Hari Mandir o Templo Dorado de los tiempos modernos. Codificó en una versión oficial las composiciones literarias de los gurús, completando así el canon. En 1604 fue instalado el Granth Sahib (libro sagrado) en el centro del santuario del Hari Mandir. Ambas instituciones, Templo y Libro, resultaron determinantes, ya que modelaron la conciencia propia de los sikhs y dieron forma a su vida y sociedad. Murió bajo tortura por orden del emperador.
Hargobind (1595-1644), sexto gurú, portaba una espada durante la ceremonia de sucesión y legalizó su uso para rechazar la injusticia y la tiranía. Mantuvo a pesar de su estilo militar y de los conflictos armados en los que tomó parte las costumbres sencillas y piadosas de sus antecesores.
Los dos gurús que lo sucedieron no fueron molestados por los gobernantes en el poder, no así el noveno, Teg Bahadur (1621-1675) que fue ejecutado en Delhi por orden del emperador.
Su hijo, el gurú Gobind Singh (1666-1708), creó la orden marcial de los khalsa, los elegidos de Dios, de una abnegación total, a la que dio el nombre de Singh (león). Sus miembros eran reconocibles por cinco signos externos, las cinco K, que detallaré más adelante. Su otro legado fue la institución como gurú al Libro sagrado. El linaje de los gurús personales llegó así a su fin, pasando para siempre la sucesión al gurú Granth, el Libro, que se convertía para los sikhs en autoridad perpetua, tanto en el plano espiritual como en el histórico. Su papel ha sido primordial para garantizar la cohesión de la comunidad.
Desde que el 10° gurú reorganizó la comunidad como una hermandad militar los miembros deben exhibir siempre las 5 K, los 5 símbolos del Khalsa, como rasgos de observación de la disciplina sikh.
Ellos son: Kesh (se debe mantener el cabello sin cortar. No se refiere al pelo de la cabeza, sino a todo el cuerpo), Kaccha (pantalón corto que se lleva como prenda interior o exterior y simboliza la pureza), Kirpan (daga o espada corta que simboliza la resistencia al diablo), Kangha (peine de madera que se lleva en el pelo para sujetar el moño y simboliza la higiene personal. El turbante no es una de las 5 K) y Kara (brazalete de acero que se lleva en la muñeca derecha; no es ornamental sino funcional y plana. Simboliza la fe en Dios).



Tres de las 5 K








Los sikhs ortodoxos atan y recogen su pelo y barba bajo su turbante tan distintivo y




mantienen su elegante forma acomodando los pliegues con movimientos de gran naturalidad y la ayuda de una aguja. Los niños y jóvenes que se inician




comienzan haciendo un bollito con sus pelos dentro de un turbante sencillo.







Otras normas de vida son, por ejemplo, no consumir carne de vaca y, si se consume el animal debe ser sacrificado de acuerdo con la tradición islámica. Asimismo, se prohíbe tomar bebidas alcohólicas, fumar, robar y realizar apuestas. Cualquier mutilación del cuerpo como la circuncisión o el agujerearse la nariz o las orejas, también está prohibida.
La tradición sikh señala cinco vicios particularmente nocivos: la lujuria o el deseo sexual indebido (infidelidad a la pareja); la ira o cólera incontrolada; la avaricia o persecución de los bienes mundanos por sí mismos; apego o adhesión a una persona o cosa de tal modo que impide la unión con Dios; y el egoísmo, la dependencia del yo en vez de la fe en Dios.
Estos cinco vicios conducen a una falta de control y a una espiritualidad imperfecta, mientras que lo que debe perseguirse es la capacidad de vivir en el mundo como un individuo puro, sin que le afecte la “suciedad” o las imperfecciones del entorno. La meta de la vida es vencer el vicio y conocer a Dios.
Los sikhs valoran las relaciones emocionales entre los hombres, tanto entre hermanos como entre amigos, mucho más que con sus mujeres. En realidad es poco el tiempo que pasan con ellas. Están fuera de casa gran parte del día y pasan las tardes con sus amigos. Las mujeres suplen esta sensación de abandono con el compañerismo de sus hijos, particularmente los varones jóvenes.
Consideran indeseable el excesivo amor a la esposa, a los hijos o a los bienes materiales, ya que, al no poder permanecer duraderamente, como cualquier amor terrenal, sólo puede ser transitorio. Los métodos anticonceptivos están permitidos, pero no el aborto. Tampoco se permite la contracepción como método de evitar las consecuencias de una relación sexual ilícita.
Respecto a la norma que debe regir en los gurudwaras (templos), destaca la colocación del Guru Granth Sahib (libro sagrado) en el centro, a cuyo alrededor se arrodillan los miembros de la congregación, que deben ir descalzos y con la cabeza cubierta. Este libro desempeña un papel muy importante en las ceremonias familiares (nacimientos, matrimonios, etc.).
Por lo que respecta al culto a los muertos, destaca el hecho de que el cuerpo es preparado por miembros de la familia, y debe llevar las cinco K. De acuerdo con la costumbre india, la incineración se realiza el mismo día de la muerte, o al día siguiente cuando el fallecimiento ocurre al final del día. Las cenizas se esparcen en un río cercano. Después se lee a intervalos el libro sagrado entero. Al final de la lectura (nueve días más tarde) se celebra una ceremonia con toda la familia, que termina con el reparto de comida especial. Así lo viví yo aunque sé que fuera de la India las ceremonias pueden adaptarse a las costumbres locales.
Al visitar algunas aldeas rurales sikhs
















aprecié que son menos escrupulosos en la observancia tradicional y religiosa que los urbanos.


Un aldeano me invitó a su casa. El ambiente era fresco, ordenado y sobre una de las paredes colgaba la siempre presente imagen del gurú Nanak



Muchos templos están dispersos por todo Punjab. El de Tarn Taran, alejado de Amritsar,



es menos tumultuoso y permite apreciar más los comportamientos individuales









y cruzarse con más sonrisas.
Resalta en una de sus cúpulas el emblema sikh formado por tres armas, el khanda (nombre con que se designa al símbolo),







espada recta que simboliza el conocimiento de Dios, dos kirpans , espadas curvas que representan la soberanía política y espiritual y el chakkar, arma en forma de disco que simboliza la unidad con Dios.


Lugares sagrados: Amritsar y el Templo Dorado
La forma sikh de entender la vida está íntimamente relacionada con la identidad del Punjab. En esta región se encuentra la ciudad de Amritsar y su Templo Dorado que, a pesar de la actitud un tanto ambivalente de los sikhs hacia la peregrinación, se han convertido en lugares de peregrinación para los sikhs de todo el mundo.
La ciudad de Amritsar fue el centro del imperio sikh en el siglo XIX, y hoy lo es del moderno nacionalismo sikh.
La Torre del Reloj es el acceso al complejo





y alberga el Museo Sikh que documenta la trágica historia de los sikhs martirizados por los mongoles, los británicos e Indira Gandhi. Una vez atravesada la entrada ya descalzo y con los pies lavados se tiene una magnífica visión del Amrit Sarovar (Estanque del Néctar), al que la ciudad debe su nombre, y en su centro el Templo Dorado,





Hari Mandir (Templo de Dios).
Las visitas, recomiendo al menos dos, una al amanecer y otra al anochecer para apreciar la cambiante belleza y los distintos acontecimientos, se desarrollan transitando en el sentido de las agujas del reloj el Parikrama (Camino de Mármol), único espacio desde el que se puede fotografiar. Al llegar al primer recodo se encuentra la cocina, espaciosa y densamente aromatizada por los vapores que emanan de grandes recipientes. Mi aporte voluntario fue revolver las lentejas





con una vara de tres metros de longitud.




En una sala contigua está la máquina



de hacer chapatis, típico pan plano indio.
Siguiendo el trayecto se arriba al Guru-Ka- Langar, el comedor comunitario con capacidad para tres mil personas.




Se sirve gratuitamente y para quien lo desee sin condicionamientos hasta 60.000 raciones diarias de dal-roti (curry de lentejas y chapati), cifra que se supera en las fiestas religiosas.



A continuación se llega al fregadero de platos donde gran cantidad de voluntarios lavan dentro de una disimulada organización los platos metálicos para la próxima tanda.




El ruido es ensordecedor.








Tras un par de recodos se llega a una explanada, delimitada a su izquierda por Akal Takht



Akal Takht



y por la derecha por la Darshani Deorhi donde comienza el Puente de los Gurús paseo elevado de 60 metros de longitud flanqueado por 9 nueve farolas doradas a cada lado que atraviesa el estanque y desemboca en el Hari Mandir, el Templo Dorado.

Sus paredes de mármol están decoradas con incrustaciones florales y animales en pietra dura. Su cúpula que representa una flor de loto invertida, un símbolo del deseo de los sikhs de llevar una vida pura, está revestida con 750 kilogramos de oro donados por el maharajá Ranjit Singh, ilustre gobernante que estableció el primer reino sikh y controló las presiones de británicos y afganos. Tras su muerte en 1839 los británicos anexionaron Punjab y se apoderaron de sus fabulosos tesoros, entre los que se encontraba el diamante Koh-i-noor (montaña de luz), el más antiguo conocido, de 105 quilates, y que hoy y tras un nuevo tallado está engarzado en la Corona de la Reina Isabel.
Todos los días al amanecer el Libro Sagrado es llevado al Hari Mandir donde el supremo sacerdote



lo abre para leer el vaq o mensaje del día. Al atardecer comienza a resonar en el templo la música de los ragis




y el canto ininterrumpido de los versos en gurmukhi.




La multitud va creciendo con la caída del sol y recorriendo el Parikrama se aglomera en el Puente de los Gurús,




trayecto obligado del Libro Sagrado que alrededor de las 21.30 es trasladado en un palanquín de plata desde el Templo Dorado



hasta el Akal Takht, sede de la primera autoridad sikh y de la cama donde se lo “pone a dormir”. El entusiasmo y la vibración de los fieles son conmovedores.
Finalizada la ceremonia y tras fregar los pisos con agua y leche se cierra las puertas de plata de Darshani Deorhi, la entrada al puente.










En un parque frente a la Torre del Reloj,




miles de devotos pasan la noche para participar al otro día de un nuevo ciclo ceremonial.
El sangriento asalto al Templo Dorado por soldados indios durante su ocupación por independentistas radicales sikhs fue una de las causas del asesinato, en 1984, de Indira Gandhi por sus guardaespaldas sikhs.
El Akal Takht quedó gravemente dañado y el gobierno indio lo restauró posteriormente, pero los sikhs indignados por la actuación del Ejército, lo derribaron para volver a construirlo ellos mismos.
Este suceso que pareció sentenciar a la comunidad y la predilección india de elegir autoridades que profesen el hinduismo no fueron obstáculos para que el Dr. Manmohan Singh







sea el decimotercero Primer ministro de la India y miembro del Partido del Congreso. Accedió a la presidencia del gobierno de la India tras la victoria en las elecciones de 2004 de la coalición encabezada por el Partido del Congreso. Tomó posesión del cargo después de que la presidenta de esta formación Sonia Gandhi, viuda de Rajiv Gandhi, dirigente político hijo de Indira asesinado en 1991, renunciara a ocuparlo, ante las críticas recibidas de ciertos sectores políticos por ser de origen extranjero (italiana de nacimiento). Fiel a su formación intentó vanamente la pacificación con Pakistán.
El sikhismo moderno se orienta esencialmente hacia el futuro. Es el resultado de la restauración llevada a cabo por el movimiento de Singh Sabha, una corriente reformadora que se originó hace algo más de cien años que intentó encontrar nuevamente la esencia y la pureza de la enseñanza sikh, ahogada, confundida y en regresión como resultado de las adversidades y los retos como fueron el proselitismo cristiano y la educación occidental.
Gracias a sus cualidades de tenacidad y acometividad, han logrado imponerse en la India independiente. Su compromiso con la causa de la independencia de su país y su valiente contribución con la misma son reconocidas por todos los indios y se han asegurado el lugar que les corresponde en la vida nacional.





Después de esta experiencia cada vez que encuentre un sikh en algún lugar del mundo no podré refrenar un profundo sentimiento de admiración y respeto.