domingo, 25 de marzo de 2012

Lugares en la Ruta de la Seda: Ani, la ciudad muerta






La Ruta de la Seda fue un entramado de rutas inicialmente militares y más tarde comerciales caravaneras que unía los imperios chino y romano, desde Xian hasta los puertos de Tiro, Antioquía y Constantinopla en la cuenca mediterránea.




Sobre finales del siglo II a C el imperio chino se encontraba asediado por tribus belicosas que basaban su peligrosidad en las excelentes cabalgaduras, caballos de las estepas del Valle de Fergana (hoy Uzbekistan) más veloces y fuertes que los de las tropas chinas.




Tras infructuosas tentativas diplomáticas, que le sirvieron para informarse sobre los reinos occidentales, el emperador chino lanzó una ofensiva militar exitosa que le dio acceso a los preciados caballos y a la expansión de sus dominios, llegando a tener contacto en el año 110 a C con Mitríadates, el astuto rey de Comagene, y a hacerle conocer la seda ( ver Lugares: Nemrud Dagi).




Cinco décadas más tarde el emperador romano en su campaña para conquistar a los partos llega a estas tierras y se asombra con este suave y desconocido tejido.
Pocos años después era la tela con que confeccionaba sus prendas la élite imperial romana generando una desenfrenada demanda. Nace la Ruta de la Seda.








Uno de sus trazados que evitaba tramos por mar tocaba la ciudad de Ani en la actual frontera turcoarmenia
que llegó a contar con un puente que cruzaba la garganta del río Arpaçay. Esta obra facilitaba el paso de las caravanas y convirtió a Ani en una alternativa ventajosa.







Ani es una antigua ciudad medieval emplazada en una estratégica situación, naturalmente protegida por ríos y barrancos, en la provincia turca de Kars.
Desde el siglo V d C hay referencias históricas sobre su existencia. Alrededor del año 1000 d C, bajo la dinastía bagrátida pasó a ser la capital del Reino de Armenia. Alcanza entonces su máximo esplendor con una población que superaba holgadamente los 100.000 habitantes rivalizando en importancia con las ya por entonces relevantes Constantinopla, Bagdad y El Cairo. La sucesión dinástica la dotó de una muralla doble reforzada con torres redondas


y rectangulares

















y la ornamentó con numerosos edificios y monumentos. Se la conocía como la "Ciudad de las 40 Puertas" o "Ciudad de las 1001 Iglesias".





Esta magnificiencia y prosperidad no era bien vista en Constantinopla y el Imperio Bizantino comenzó a perfilarse como enemigo. Un rebuscado ardid de relacionarse parentalmente con la familia imperial bizantina terminó con resultados opuestos a los buscados. Tras varios ataques repelidos Ani se rindió a los bizantinos en 1045.




Un par de décadas más tarde la conquistan los turcos selyúcidas y medio siglo después cae en manos de los georgianos.
Su suerte se sella en 1239 cuando es saqueada por las hordas mongolas y su población masacrada. Lo que sobrevivió en vidas y edificios padeció un devastador terremoto en 1319.











Mi visita fue hace ya tiempo, en 2001, y por entonces todavía como resabio de la tensión que por décadas provocó la frontera con la URSS y la recidivante rememorización del holocausto armenio a manos de los turcos, tuve que tramitar un salvoconducto en Kars y pasar un par de controles militares.




Accedí a la ciudad por



la Alp Arslan Kapisi, o Puerta del León, decorada con bajorrelieves. Se abrió desde ese lugar un amplio panorama, en ese momento otoñal y tapizado con unas gramíneas de extrañas formas que hacían resaltar las oscuras ruinas esparcidas.


Tomé el sendero hacia el oeste atravesando las ruinas de la ciudad baja, visitando la primera de las tres Iglesias de San Gregorio, llamada de Gagik,

















pésimamete conservada






y el Sultan Sarayi,





palacio selyúcida, en restauración.


Ambos emplazados junto al Barranco de los Jardines, una de las defensas naturales de Ani, en cuyo flanco se divisa una importante cantidad de cuevas



que fueron habitadas por una población troglodítica mucho tiempo antes de la fundación de la ciudad.

Me encaminé hacia el centro del complejo para encontrar las ruinas de la Iglesia de los Santos Apóstoles



dotada de una cúpula con nervaduras y un sector anexo que ofició de caravasar




donde repostaban animales y caravaneros.









Muy cerca de allí sobre el barranco se yergue la Iglesia de San Gregorio de Abughamrentz, un pequeño santuario del siglo X de planta dodecagonal, destinado a capilla fúnebre de una familia patricia.






Constituye un típico ejemplo de arquitectura armenia, con cúpula rematada por un cono cubriendo un elevado tambor, decorado a base de molduras con pequeñas arquerías en las que se abren estrechas ventanas.









En sus inmediaciones me detuve ante unas discretas ruinas que parecían desentonar con el conjunto







y no era para menos, se trataba de las de un Templo del Fuego zoroástrico del siglo I d C. El zoroastrismo era la religión de la Armenia precristiana.

Seguí hacia el sur hasta la Menüçer Camii, una singular mezquita edificada en 1072 por el primer gobernador turco.

























En ese punto tuve que desistir de avanzar más ya que un cartel advertía que comenzaba la zona militar que incluye la Ciudadela (Iç Kale) y la más austral y lejana de las iglesias, la Kizkalesi.


Pude sí acercarme al barranco del Arpaçay para admirar los restos en ambas orillas de las cabeceras del puente de la Ruta de la Seda.








Inicié el regreso en dirección a la muralla oriental.

En ese tramo se yergue un importante monumento armenio, la Catedral, el mejor conservado de Ani.





Fue edificado en el año 1000 y transformado en mezquita en 1064 con el nombre de Fetiye Camii y posteriormente restaurado a su función inicial por los georgianos.



Presenta una planta de cruz inscrita en un rectángulo, y el crucero estaba rematado por una cúpula hoy derruida.
El exterior aparece adornado por arquerías ciegas separadas por elegantes molduras.




Me acerqué después a la Iglesia del Redentor. El edificio está llamativamente partido al medio como consecuencia del terremoto de 1319. Posee una cúpula que se apoya sobre un alto tambor sostenido por ocho pechinas.





Al rodearlo se puede apreciar todavía restos de pinturas murales del siglo XII en lo que fueron sus paredes interiores.






























Muy cerca y frente a la Dere Kapisi, una de las cuarenta puertas de la muralla, surge la Iglesia de San Gregorio de Tigran Honentz.






Esta gran basílica es de planta de cruz inscrita y con cúpula en el crucero.




Luce en sus muros ahora expuestos espléndidas decoraciones









tanto esculpidas como pintadas

























y en su interior se representan escenas del Nuevo Testamento










y de la vida de San Gregorio.




























Seguí el borde del barranco del Arpaçay, el curso de agua que delimita al sureste el extenso promontorio rocoso donde se asienta Ani y marca la frontera con Armenia, hasta quedar absorto ante la vista del Convento de las Vírgenes.
Este santuario fue erigido en el siglo XIII con planta hexagonal y recubierto por una cúpula.





























Desde la altura el convento queda enmarcado por los restos del puente que hizo de Ani un hito en la legendaria Ruta de la Seda.








Hoy, tras siete siglos de abandono, Ani es una ciudad muerta.



Es la impresión que tuve al verla desde extramuros y que se fortaleció tras deambular por horas en absoluta soledad entre sus ruinas.



sábado, 18 de febrero de 2012

Lugares: El Monasterio de Tashilhunpo en Shigatse



Shigatse es la segunda ciudad de Tíbet después de Lhasa, la capital. Como toda ciudad de esta región consta de una parte antigua de arquitectura tibetana tradicional y otra china de diseño marxista con amplios bulevares y edificios cúbicos y desabridos.
La parte tibetana es el sector antiguo al pie del dzong (fuerte), hoy en un estado ruinoso que esconde su pasado de gloria como residencia real, y alberga el mercado. Lindando con ella se halla el Monasterio de Tashilhunpo, la principal atracción de Shigatse.










Hasta el siglo XVII Shigatse le disputó a Lhasa el control político y espiritual del Tíbet y fue centro de instrucción monástica de la secta de los Gorros Rojos (Nyingmapa) hasta que el Quinto Dalai Lama con la ayuda de un khan mongol consiguió imponerse y unificar el país bajo el dominio de la secta de los Gorros Amarillos (Gelugpa). Tashilhunpo es una de las seis grandes instituciones monásticas de la secta y con seguridad la mayor en funcionamiento del Tíbet actual. Un incomparable lugar para explorar.
Para hacerlo hay que tomar algunas precauciones.




Muchos monjes son informantes del gobierno chino, se distinguen porque dominan el inglés y son poco amistosos. Se debe evitar hacer comentarios adversos a las autoridades chinas y regalar a los monjes estampas del Dalai Lama, tan preciadas como prohibidas.



Fundado a mediados del siglo XV por Genden Drup







que más tarde sería allí entronado como Primer Dalai Lama estuvo aislado por la corriente dominante de los Gelugpa afincados en Lhasa. Esta situación se mantuvo hasta la mencionada intervención del Quinto Dalai Lama. Éste declaró a su maestro, el entonces abad del Tashilhunpo, como una manifestación de Amitabha (una deificación de la facultad de Buda del perfecto conocimiento y percepción). Nace así el linaje de los Panchen Lama. El título Panchen significa Gran Erudito y recayó tradicionalmente en los abades de Tashilhunpo, que a su vez fueron los encargados de encontrar las reencarnaciones de los Dalai Lama.
La aparición de esta línea de líderes espirituales no intentaba rivalizar con los Dalai pero introdujo el fantasma de una rivalidad en la orden Gelugpa.
Estratega de la discordia la dinastía Qing nombra al siguiente Panchen Lama gobernador de Tíbet Occidental, acto que se considera como la primera maniobra política china para crear un cisma entre los Panchen Lama y los Dalai Lama.
En 1995, Tenzin Gyatso,el actual Dalai Lama





anunció el hallazgo de la reencarnación del 10° Panchen Lama, muerto en 1989 oficialmente por un ataque cardíaco y extraoficialmente por envenenamiento. El 11° Panchen Lama, Gedhun Chökyi Nyima, se encuentra desaparecido desde poco tiempo después, ya que tras el anuncio del Dalai Lama, fue detenido junto a toda su familia por el ejército chino. Así, con tan solo 6 años, se convirtió en el preso político más joven del mundo. Desde esa fecha nada se sabe de él ni de su familia, aunque el gobierno afirma que están libres y con identidad reservada. El gobierno chino ha elegido, por su parte, un "falso" Panchen Lama, que goza del apoyo político y económico de China.
Simultáneamente con la detención el monasterio de Tashilhuinpo fue invadido por la policía y unos cincuenta monjes, incluido el abad, fueron arrestados. Desde entonces flota en la atmósfera la sospecha de la presencia de monjes infiltrados.
Salvo estas agresiones políticas es uno de los pocos monasterios tibetanos que capeó las tormentas de la Revolución Cultural con escasos daños.


Al margen de toda consideración histórica Tashilunpo tiene sobradas características arquitectónicas, ambientales y rituales que hacen fascinante su visita.

Desde la explanada que se abre frente a la entrada del complejo se ve los encalados barrios monacales bajo los edificios ocres rematados con techos dorados de las tumbas de los Panchen Lama.














Al fondo y como parte del muro que rodea la ciudadela destaca una inmensa pared en la se exponen gigantescos thangka en oportunidad de los escasos festivales anuales, siendo el más importante el que se celebra el 15° día del 5° mes lunar (alrededor del mes de julio). Los thangka son pinturas religiosas tibetanas muy coloridas y llenas de simbolismos hechas en brocados de seda.

Caminar por los barrios monacales de esta ciudadela permite palpar la vida cotidiana de sus 600 monjes. Casi todo lo hacen en silencio y abstraídos.
Calles casi desiertas entre edificios blanqueados de uno a cuatro pisos de altura




en los que resaltan ventanas en voladizo con telas fruncidas en los dinteles que parecen danzar con el viento y




pesadas puertas, algunas abiertas a floridos patios que esconden más que lo que revelan.















Comencé a subir por la empinada calle que flanquea los Colegios Tántrico y Filosófico acompañando a una anciana





que oraba en voz baja haciendo girar su rueda manual de oración y que se dirigía al lugar donde se desarrolla el pequeño kora o circuito de peregrinación interno.


Una terraza con tres chörten, estupas que contienen reliquias,




uno de ellos con remate de un sol apoyado sobre una luna creciente que simbolizan la sabiduría y la compasión.




















Los fieles deben dar 108 vueltas en el sentido de las agujas del reloj y en cada una de ellas desplazan una de las 108 piedritas que cada fiel alista en un montículo al iniciar el ritual.
















Existe también el gran kora que circunvala externamente el templo y que debe ser recorrido 3 veces.
3 y 108 son números sagrados del budismo.


Seguí ascendiendo camino al sector principal del monasterio. Una mujer encorvada




parecía indicarme el camino y otra de plácida sonrisa













me invitaba a avanzar para finalmente entrar intrigado












al Templo de Maitreya que alberga una estatua gigante de 27 metros de altura del Buda llamado “del futuro”.





Siempre dentro de este sector, el más elevado, recorrí acompañando a los fieles
















las tumbas y capillas del Palacio del Panchen Lama que exhiben cientos de imágenes doradas








de evidente trascendencia y profundo significado pero que mi limitada erudición sólo alcanzó para desencadenar mi asombro y admiración.







Arribé finalmente al Templo Kelsang, sin duda el edificio más importante del complejo monástico.
Desde unas galerías decoradas con 1000 figuras de Buda, todas diferentes,



















se aprecia su gran patio y el movimiento cotidiano de los monjes, desde los que limpian







hasta los que recuentan y seleccionan los votos y el dinero de las donaciones.







En el centro se erige un gran mástil de oración






sobre el que una máxima dice:”El día que en que caiga, el budismo desaparecerá del Tíbet”.













En medio de tantas impresiones puede disfrutarse de pequeños detalles como cruces esvásticas de la religión bon,




raíz tibetana del budismo, en los pisos; diminutas figuras de Buda e inscripciones









del mantra Om mani padme hum en las paredes









y simbólicos ornamentos en los techos.









Comencé el regreso a Shigatse descendiendo en zigzag buscando rincones ocultos y sorpresivamente capté esta imagen de un monje.






La conservo en mi recuerdo como la síntesis de la religiosidad, la devoción, la energía y el misterio que irradia Tashilhunpo y que enriquecieron esta inolvidable experiencia.